GRACIAS
Acá nosotros,
Silencio por favor
Cerca de un minuto, por tanto,
Incluso son más viejos
Era buena idea
Solo hasta que te tome la foto,
Eras libre hasta que me decepcionaras
Ahora y en la hora de nuestra muerte
Yo doy testimonio de almendras
Tócame otra vez
No recomiendo a nadie que pase algo así
Después bebimos unos tragos
¿Dilo de nuevo por favor?
Hágalo simple
En mi casa, harás lo que yo diga
Esta es mi duda primordial
Espera por un minuto
¿Están enamorados?
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viernes, 6 de mayo de 2011
Antesala
Siempre lo supo, es gracioso como la vida se encarga de jugar al vidente con vendas en los ojos. No sabía nada, siempre me observó y pensaba que no me daba cuenta, craso error.
Miraba el techo de la pieza, mientras pasaba un intenso y extraño frio por mis mejillas. En posición fetal, sentía que mi espalda era escoltada… sabía que me quedaba una noche larga y seguramente muchas más. El televisor hacía ruidos por horas y horas. Muchas veces, como esa noche, me sentía en la rueda de la fortuna, sin poder bajar o no querer bajar, quien sabe que, solo éramos yo, la noche y esas voces lejanas emanadas del inservible televisor, que albergaba un vaso pequeño con agua y que al pasar de las horas había logrado entibiar.
Un ¡ especialista ! era la frase que entre parpadeos se me asomaba y rumiando tantas historias sin poder tragármelas, quien sabe…este especialista le haría bien a mi digestión.
Como dijo mi madre una vez “recordar que vamos a morir, es la única manera que tenemos para no temer a nada” o a algo así y si el lector quiere, puede sacar la comillas a esta frase y hacerse una propia, ya que este infierno es propio, con calor a la medida y entre esta o cualquier otra frase hay que lanzarse al vacío, en mi caso programe una caída libre al especialista.
Estaba esperando en la consulta, estaba yo, mi otro yo, mis problemas y dos personas más que esperaban ansiosas por entrar, lo noté, porque movían sus pies, ojeaban revistas cada dos hojas, miraban la hora y se paraban a mirar la puerta. Me los imaginaba entrando con paracaídas dispuestos a su propio lanzamiento.
¿Dónde aterrizarán? Por un segundo los escuche hablar lento, hoy me pregunto si era yo o ellos los ansiosos por entrar, pasaron ellos primero y entre tanto yo me cuestione desde el color palo rosa de la pared de la sala de espera, hasta que diablos hacía perdiendo mi tiempo, pensé que me deberían pagar a mí por hablar y compartir mi vida, incluso me iba a parar para hablar con la asistente para un reembolso y autorizar mi caso como materia de estudio, pero abstraída en este divagar, una voz envolvente, a hurtadillas por la entrepuerta me anuncio que debía lanzarme y aterrizar de frente con mis conflictos.
Ahora entiendo lo del sillón enorme y cómodo…seguramente es para amortiguar la caída.
Que te trae por aquí- la misma voz misteriosa del llamado, pero un tanto más amigable el tono, su puerta era el filo que cortaba dos mundos o muchos mundos…sin duda era el especialista y yo estaba sentada en la antesala de mis sueños, sin saber a qué lado del filo estaría al salir.
Un completo extraño, lo único que sabía sobre él, que había estudiado algunos años y que no importaba cual fuera el padecimiento, debía tomar algún fármaco y yo pensaba en el tibio vaso con agua que me esperaba, arriba del televisor ya que entre mis locuras y esta insufrible depresión un segundo antes de entrar al despacho del especialista, me acorde del televisor prendido.
Comencé a hablar y no me detenía, intentaba tragar saliva para no dejar salir esas palabras que me hacían sentir que prescribía mi receta. El estar hablando de voces y brisas nocturnas me hacía sentir cierto grado de locura, por suerte nunca le temí a los apodos.
Y el especialista habló y yo escuché
Agotada, llegue sin aliento a esa pieza, mi pieza de techo interminable. Había entendido el fondo, mas no completamente las partes.
Y comprendí que el vaso de agua no se entibiaba por ese viejo televisor, este era solo un intermediario, él siempre lo supo, maldito subconsciente que te reflejabas, y chillabas toda la noche, haciendo berrinches por salir, proyectado en la pantalla.
Estaba yo en la antesala de mi vida, mi nueva vida y pensaba en que lugar del filo de la puerta del especialista deseaba estar…si cómodamente en el gigante sillón que amortiguaría mi caída o en la ciudad, maldita ciudad antesala ingrata a veces, también de mis sueños.
Aquel vaso de agua…tiene ahora una flor
Miraba el techo de la pieza, mientras pasaba un intenso y extraño frio por mis mejillas. En posición fetal, sentía que mi espalda era escoltada… sabía que me quedaba una noche larga y seguramente muchas más. El televisor hacía ruidos por horas y horas. Muchas veces, como esa noche, me sentía en la rueda de la fortuna, sin poder bajar o no querer bajar, quien sabe que, solo éramos yo, la noche y esas voces lejanas emanadas del inservible televisor, que albergaba un vaso pequeño con agua y que al pasar de las horas había logrado entibiar.
Un ¡ especialista ! era la frase que entre parpadeos se me asomaba y rumiando tantas historias sin poder tragármelas, quien sabe…este especialista le haría bien a mi digestión.
Como dijo mi madre una vez “recordar que vamos a morir, es la única manera que tenemos para no temer a nada” o a algo así y si el lector quiere, puede sacar la comillas a esta frase y hacerse una propia, ya que este infierno es propio, con calor a la medida y entre esta o cualquier otra frase hay que lanzarse al vacío, en mi caso programe una caída libre al especialista.
Estaba esperando en la consulta, estaba yo, mi otro yo, mis problemas y dos personas más que esperaban ansiosas por entrar, lo noté, porque movían sus pies, ojeaban revistas cada dos hojas, miraban la hora y se paraban a mirar la puerta. Me los imaginaba entrando con paracaídas dispuestos a su propio lanzamiento.
¿Dónde aterrizarán? Por un segundo los escuche hablar lento, hoy me pregunto si era yo o ellos los ansiosos por entrar, pasaron ellos primero y entre tanto yo me cuestione desde el color palo rosa de la pared de la sala de espera, hasta que diablos hacía perdiendo mi tiempo, pensé que me deberían pagar a mí por hablar y compartir mi vida, incluso me iba a parar para hablar con la asistente para un reembolso y autorizar mi caso como materia de estudio, pero abstraída en este divagar, una voz envolvente, a hurtadillas por la entrepuerta me anuncio que debía lanzarme y aterrizar de frente con mis conflictos.
Ahora entiendo lo del sillón enorme y cómodo…seguramente es para amortiguar la caída.
Que te trae por aquí- la misma voz misteriosa del llamado, pero un tanto más amigable el tono, su puerta era el filo que cortaba dos mundos o muchos mundos…sin duda era el especialista y yo estaba sentada en la antesala de mis sueños, sin saber a qué lado del filo estaría al salir.
Un completo extraño, lo único que sabía sobre él, que había estudiado algunos años y que no importaba cual fuera el padecimiento, debía tomar algún fármaco y yo pensaba en el tibio vaso con agua que me esperaba, arriba del televisor ya que entre mis locuras y esta insufrible depresión un segundo antes de entrar al despacho del especialista, me acorde del televisor prendido.
Comencé a hablar y no me detenía, intentaba tragar saliva para no dejar salir esas palabras que me hacían sentir que prescribía mi receta. El estar hablando de voces y brisas nocturnas me hacía sentir cierto grado de locura, por suerte nunca le temí a los apodos.
Y el especialista habló y yo escuché
Agotada, llegue sin aliento a esa pieza, mi pieza de techo interminable. Había entendido el fondo, mas no completamente las partes.
Y comprendí que el vaso de agua no se entibiaba por ese viejo televisor, este era solo un intermediario, él siempre lo supo, maldito subconsciente que te reflejabas, y chillabas toda la noche, haciendo berrinches por salir, proyectado en la pantalla.
Estaba yo en la antesala de mi vida, mi nueva vida y pensaba en que lugar del filo de la puerta del especialista deseaba estar…si cómodamente en el gigante sillón que amortiguaría mi caída o en la ciudad, maldita ciudad antesala ingrata a veces, también de mis sueños.
Aquel vaso de agua…tiene ahora una flor
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